martes, 12 de febrero de 2013

El cine o el hombre imaginario Capítulo IV

En este capítulo Morin comienza a hablarnos de la proyección, sin definir exactamente lo que es, o no es, se aferra a el desdoblamiento, a la magia y a sueño para dejarnos ver una ligera percepción de lo que es.
Habla de cómo el sujeto al proyectarse no lo hace en el mundo, sino atrae el mundo hacia él. El estado más cercano que conocemos a este tipo de proyección es el sueño, ya que éste borra los límites de la irreal, por el contrario nos sublima en nuestra propia subjetividad, haciendo objetivo lo subjetivo: convirtiéndolo en magia.
La subjetividad está sujeta a la magia y viceversa, sin embargo en las participaciones afectivas ninguna de las dos está enteramente presente.
Cuando comienza a relacionar todos estos conceptos con el cinematógrafo y su transformación-mutación al cine, nos habla de como el espectador se proyecta en estas imágenes, como las comprende de manera racional y sólo acepta convenciones de impresión. Como yo lo entiendo, somos conscientes de que la imagen no es real, sin embargo estamos aceptando un lenguaje, un lenguaje que nos va a llevar a causar una especie de "engaño" o "ilusión" en dónde nos vamos a permitir "sentir" lo que aquellas imágenes nos están proyectando, o más bien, sentir lo que proyectamos en esas imágenes.

"El cinematógrafo dispone del encanto de la imagen, es decir, renueva o exalta la visión de las cosas triviales y cotidianas. La cualidad implícita del doble, los poderes de la sombra, una cierta sensibilidad en la cualidad fantasmal de las cosas, unen sus prestigios milenarios en el seno de la excesiva valoración fotogénica y con frecuencia suscitan las proyecciones-identificaciones imaginarias mejor que lo haría la vida práctica."

Me parece muy interesante el análisis que hace respecto a la impotencia, y cómo ésta nos lleva a involucrarnos aún más en la proyección, así como la manera en que el espacio es diseñado casi para el sueño sin necesidad de caer en él, a diferencia de otros espectáculos en el cine, caemos en una semihipnosis.

"El espectador de las "salas oscuras" es sujeto pasivo en estado puro. Nada puede, no tiene nada que dar, ni siquiera sus aplausos. Está paciente y padece. Está subyugado y sufre. Todo pasa muy lejos, fuera de su alcance. Al mismo tiempo todo pasa en él, en su cenestesia psíquica, si se le puede decir así."

También habla de un lenguaje en el que nos están llevando hacia ciertas zonas, dónde un paneo, un close up, un fade out, o simplemente el manejo del tiempo y el espacio dentro de la película, ya dirigen una proyección -identifiación para el espectador.

Otro factor importante es la música, "catálogo de estados del alma", es la principal dirección que nos llevará a través de las imágenes en movimiento.
La identificación a partir no sólo de los personajes, (cuando buscamos similitudes físicas y/o morales con ellos) sino a partir de los objetos, espacios, lugares, momentos, música. Es increíble como logramos identificarnos con una pared derrumbándose.

"el alma no es más que una metáfora para designar las necesidades indeterminadas, los procesos psíquicos en su materialidad naciente o en su residualidad decadente. El hombre no teine un alma. Tiene alma..."
Y al final llega a una parte dónde el mismo texto se vuelve , de algún modo, subjetivo. No hay certezas a cerca del cine y su efecto, hay nociones. Un poco de cercanía a aquello que llama "magia", al desdoblamiento, a las proyecciones y muy visiblemente a la estética.

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