miércoles, 20 de febrero de 2013

Capítulo 5 y 6. "El cine o el hombre imaginario"


Sobre la objetividad y subjetividad del cine, Morin nos invita a reflexionar a cerca de la diferencia entre la fotografía y éste. Es importante mencionar que, si bien, en un principio la fotografía fue un acercamiento absoluto a la realidad, considerada la manera más objetiva de representarla (incluso dudando de que fuera una representación, tomando más bien un fragmento y congelándolo) el cinematógrafo la "supero" ya que añadíamos un elemento más a esa percepción: el tiempo.
La fotografía es un momento congelado por una eternidad, fiel a el aspecto de los objetos reales, fiel en formas y contenidos, pero atemporal. El ser humano por excelencia requiere del tiempo para existir, es parte de nuestra percepción y de la constitución de nuestra realidad. El cinematógrafo logra dar la ilusión de movimiento, es decir conjunta el tiempo y el espacio; hace que la fotografía cobre vida, se convierte en un aparato objetivo por excelencia.
Sin embargo posteriormente nos adentramos a terrenos contradictorios, se creía que el cine era la representación más fiel y cercana a la realidad; vemos como vemos y percibimos como percibimos a través de una pantalla, sin embargo el cine esta cargado de una subjetividad latente; el cine es un punto de vista, muchos puntos de vista en realidad, nos vuelve un ente etéreo que tiene la libertad de moverse en tiempo y espacio a su antojo (al antojo del director) podemos observar un objeto múltiples veces desde distintos ángulos jugando con la percepción temporal y espacial dentro de la pantalla. Nos vuelve omnipresentes y omnipotentes, podemos estar en Tokio y minutos después en Nueva York, tenemos una libertad absoluta para transitar este reflejo subjetivo de la realidad y dependiendo del punto de vista cambia la percepción del espectador.
También existe una carga de subjetividad dado que es así como observamos nuestra propia realidad, somos entes subjetivos por naturaleza, permeados de sentimientos y emociones que deforman la manera en la que vemos las cosas, así bien, un buen día podemos apreciar lo maravilloso del mundo que nos rodea, y un mal día podríamos ver como nuestro mundo se derrumba (siendo que son el mismo mundo, la misma realidad bajo puntos de vista distintos).
La subjetividad es inherente al ser y por tanto el cine es subjetivo por excelencia, sin embargo el hecho de que ambas partes se encuentren en el terreno de la subjetividad, vuelve un tanto objetivo, no al cine, sino a nuestra percepción del mismo.
Es muy distinto que el cine sea objetivo, a que nosotros lo veamos objetivo. 
Es importante comprender que el lenguaje cinematográfico se ha alejado completamente de la realidad que nosotros percibimos, si analizamos un movimiento de cámara en cualquier escena son cosas que nosotros no podríamos hacer en el cotidiano, incluyendo la música y el manejo de tiempo y espacio.
Sin embargo me parece muy interesante al compararlo con el mundo del sueño, ya que comienza a hacerse posible la distorsión de nuestra realidad, en el sueño podemos viajar y hacer cosas extraordinarias bajo la mayo naturalidad del mundo.
Nada nos es ajeno en el sueño o extraño hasta el momento en que despertamos, dónde nuestro cerebro comprende la situación de sueño, la etiqueta, la cataloga y almacena en aquel lugar que no pertenece necesariamente a la realidad, es sólo una percepción de ésta.
Me parece muy interesante, la lectura por ejemplo, tendríamos que viajar al pasado para comprobarlo (como mencionamos en clase) pero, ¿Cómo imaginaban lo que leían antes? Hoy leemos cinematográficamente, y es que la literatura siempre ha hecho cortes de espacio y tiempo a su antojo, incluso nos ha encantado con "close up" desde que existió, al contarnos detalles específicos sobre las telas de la cama, o los anillos que poseía cierto personaje, las arrugas de su rostro, la mirada, el paisaje... Nos ha ofrecido un lenguaje cinematográfico en su estado puro, nos permite soñar, nos permite imaginar. 
Hoy en día leemos y lo vemos como una película, agregando a ésto que muchas veces nos es imposible deslindarnos de los personajes, no podemos no llevarlos con nosotros en esta especie de esquizofrenia del lector.
En conclusión, la subjetividad y objetividad del cinematógrafo no radican en el invento mismo, radican en la percepción del ser humano, subjetivo por naturaleza, es objetivo en medida que se vuelve objetivo para nosotros, en medida que es verosímil y no necesariamente verdadero.




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